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dilluns, 25 de juliol del 2016

PIENSA TAMBIÉN CON LOS PIES

Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo, 
con el corazón 
abierto 
a todos los corazones 
que laten igual que el tuyo, 
como hermanos, 
peregrinos, 
heridos también de vida, 
heridos quizá de muerte.

Piensa vital, conviviente
conflictivamente hermano, 
tiernamente compañero.

Pere Casaldàliga

Es hora de asomarse al infinito

Es hora de salir al balcón de lavida;
mirar el horizonte,
despertar al alba
y sentirse llenos de alegría.

Es hora de asomarse al infinito,
de anunciar y cantar,
de trabajar y plroclamar
que es posible un mundo nuevo y distinto.

Es hora de entrar en la noche 
sin miedo y ser testigos; 
descubrir su presencia entre nosotros 
fortaleciendo nuestras esperanzas y anhelos.

Es hora de romper los esquemas de siempre;
de escuchar las palabras del silencio;
gustar su presencia callada,
y sentir el Señor mut adentro.

Es hora de creer en media de la oscuridad
y el desconcierto confesar la vida,
andar por los desiertos y abrir nuevas sendas
por donde pueda llegar el Reino.

Es hora también de callar,
de hablar poco y vivir mucho
y estar atentos para esperar
contra toda esperanza y
ofrecer palabras y
gestos de amor y consuelo.

Es hora de iniciar caminos nuevos,
arriesgarlo todo, aportar por Dios y su Reino,
discernir la paja del trijo,
y entregarse sin reservas, todo entero.

Es hora de la Pascua, de Resurrección,
de brindar por la vida Plena
que el Señor nos sigue trayendo,
para ensanchar nuestro corazón y
hacerlo más sensible y más fraterno.

Fernando López

LAS COSAS ELEMENTALES

Gracias, Señor, por las cosas elementales:
el rayo de sol que nos pregunta;
la sombra de caoba con los brazos extendidos;
la tarde que murió ayer detrás de la montaña sin oficio de difuntos;
el agua que trabaja su pureza en lo hondo de la sierra;
el aire que limpia mis pulmones mientras duermo;
la tierra viva generando en las raíces los frutos y los colores...
La mirada transparente como una puerta de cristal;
la mano que disuelve el hastío al estrecharse;
el cántico común que abre la existencia al nosotros infinito...
la herencia de los siglos, en el suero que me salva gota a gota,
en el hilo de cobre que trar luz a mi noche,
en el ojo insomne del radar en el espacio,
en la página del libro que sana mi ignorancia
y en los circuitos electrónicos que me unen al instante con todo el universo.

Benjamín González Buelta sj

Salmo de la mano de Dios

Señor, Tú sostienes con tun mano todos
nuestros momentos, sin cansancio ni olvido:
cada instante nos sacas de la nada,
nos haces nuevamente, concitando las mil
casualidades, que hacen que un cuerpo vivo
pueda seguirlo siendo...

Tú sostienes los miles de flores no miradas,
los ríos, aver y árboles; las olas y los vientos.
Te desvelas atizando la lumbre
de un insecto que pudo lo mismo no haber sido!

Acudes de uno en otro: de la piedra ignorada
en el fondo del agua al gusano que roe su madera 
como si eso pudiera serle contado un día.

Pienso el viento en el mar, clamando en soledad 
siglos y siglos 
-para dejarlo todo lo mismo que al principio-, 
desde el día que hablaste hasta el que calles...

Si yo toco una prieda
Tú me la has sostenido durante miles de años, 
velando cada día para que hoy estueviese.

¡Y tantas, tantas cosas,
tantos ríos corriendo sin descanso,
sin pararse a tomar aliento nunca,
tantos bosques y pájaros sin cesar floreciendo 
por si algún día un hombre
los mirase al pasar!

Sí; las cosas renacen de nuevo en cada instante
y ese bullir divino nos las hace ver vivas.
Vivas; o sea, alzadas en vilo
por la mano del Señor,
con temblor de su sangre...
José María Valverde

dissabte, 23 de juliol del 2016

LO SABEMOS SEÑOR

Lo sabemos, Señor, lo sabemos
y seguimos, contigo, trabajando...

Sabemos que mil veces y mil veces
pararemos de nuevo nuestro carro
y que mil veces y mil veces en la tierra
alzaremos de nuevo nuestro viejo
tinglado.

Sabemos que por ello no tendremos
ni ración ni salario...

Lo sabemos, Señor, lo sabemos
y seguimos, contigo, trabajando.
Y sabemos que mil veces todavía
volveremos a empezar nuestra tarea
sin elogios, ni aplausos...
Y tú sabes, Señor, que lo sabemos
¡Y seguimos contigo trabajando!

León Felipe

SER GENTE HUMILDE

Hoy te pedimos, Señor, lo más precioso: que nos veamos en nuestras verdaderas dimensiones para que no nos creamos imporantes y hagamos sitio en nuestro corazón para nuestros hermanos y para ti.

Te pedimos, Señor, lo más decisivo: que no nos pongamos a nosotros mismos en el centro de nuestro corazón y que sintamos deseos de ti.

Te pedimos que no andemos llenos de nosotros mismos ni de nuestros sueños; te pedimos que tampoco nuestro grupo ni nuestros proyectos y expectativas se conviertan para nosotros en un absoluto que nos impida reconocer los rostros ajenos ni escuchar sus llamadas.

Te pedimos, Señor, que de tal manera echemos nuestra suerte con los pobres de la tierra que nos vayamos haciendo gente humilde.

Te alabamos, Señor, con Jesús, el hombre sencillo y de corazón humilde, porque escondiste tus secretos a los sabios y entendidos y los revelaste a la gente senzilla.

Si, Padre. ¡Benditos seas, por haberte parecido bien así!

Pero nosotros, Señor, en seguida queremos hacernos grandes y hasta copiamos los gestos de los grandes y de este mundo...

Nos creemos importantes y buscamos el poder, y hasta nos convencemos de que lo único que nos mueve es "nuestra vocación de servicio a los demás"...

Señor, no permitas que caigamos en ese error, en esa ceguera.

Danos la alegría de ser compañeros de todos, la alegría de vivir una vida compartida, de recibir agradecidos para poder dar de balde.

Danos oídos para ver la riqueza escondida en la gente y pobreza para dar sin duelo.

De este modo, libres de ambiciones, podremos abrazar verdaderamente al mundo y entregarnos sencillamente a la tarea de la liberación.

Pedro Trigo

divendres, 22 de juliol del 2016

Tu alegría insobornable

Cóncedenos, Señor, tu alegría insobornable.
La diversión tiene precio y propaganda y
sus mercaderes son expertos.
Se alquila la evasión fugaz con sus rutas 
exóticas y vanas.
Se bebe el gozo con targetas de crédito y se
 estruja como un vaso desechable.
Pero con tu alegría no tiene precio, no podemos 
seducirla.
Es un don para ser acogido y regalado.
Concédenos, Señor, tu alegría sorprendente.
Más unida al perdón recibido que a la 
perfección farisaica de las leyes.
Encontrada en la persecución por el reino, 
más que en el aplauso de los jefes.
Crece al compartir lo mío con los otros, 
y se muere al acumular lo de los otros como 
mío.
Se ahonda al servir a los criados de la 
historia, más que al ser servidos como 
maestros y señores.
Se multiplica al bajar Jesús al abismo 
humano, se diluye al trepar sobre cuerpos 
despojados.
Se renueva al apostar por el futuro inédito, 
se agota al acaparar las cosechas del 
pasado.
Tu alegría es humilde y paciente y camina de 
la mano de los pobres.
Concédenos, Señor, la "perfecta alegría".
La que mana como una resurrección fresca 
entre escombros de proyectos fracasados.
La que no logran desalojar de los pobres ni la 
cárcel de los sistemas sociales no los edictos 
arbritarios de los amos.
La decepción más honda y golpead no 
puede blindarnos para siempre 
contra su iniciativa inagotable.
Tu alegría es perseguida y golpeada 
pero es immortal des de tu Pascua.
Concédenos, Señor, la sencilla alegría.
La que es hermana de las cosas pequeñas, 
de los encuentros cotidianos y de las rutinas
necesarias.
La que se mueve libre entre los grandes,
 sin uniforme ni gestos entrenadosm 
como brisa sin amo ni codicia.
Tu alegría es confiada y veraz, ve la más
pequeña criatura amada por ti,
con un puesto en tu corazón y en tu proyecto.
Benjamin gt. Buelta sj